De lo curioso a lo maravilloso pasando por lo raro y lo muy raro
¿Has buceado alguna vez en un pantano, comido ortigas crudas o jugado con barriles de alquitran ardiendo? Ven a Gran Bretaña y podrás hacer las tres cosas. Haz hueco en tu viaje para atender alguno de los eventos raros y excéntricos y podrás ver una aspecto diferente del Reino Unido.
Los participantes tienen que hacer dos largos (110 metros) en una zanja sucia y maloliente. No se pueden dar brazadas, sólo patalear, y gana el que termina primero los dos largos. Se ha hecho tan famoso que ya existe también una versión para triatlón y otra para bicicleta de montaña.
Todos los años, el 5 de noviembre, jóvenes valientes pasean por las calles de este pueblo de Devon cargados con barriles ardientes cubiertos de alquitrán. Los orígenes de este espectacular y peligroso desfile no están muy claros pero se cree que procede de un ritual pagano para limpiar las calles de espíritus malignos.
Si están en Devon en mayo, podrás asistir a uno de los eventos más antiguos de la región, que se celebra en el pueblo de Combe Martin: la caza del conde de Rone. Durante 4 días, personajes alegóricos buscan al conde por el pueblo, hasta que lo encuentran el lunes por la noche. Entonces lo pasean por el pueblo sentado de espaldas en un burro, luego le disparan (de mentira, claro), le tiran de su montura y lo arrojan al mar.
Todos los años, los hombres-pájaro se tiran del muelle de Bognor Regis para ver quién consigue “volar” más lejos. Los hombres-pájaro suelen llevar los disfraces más divertidos que te puedas imaginar, los artilugios que usan para volar no tienen desperdicio y en general, es un evento muy divertido. El que consiga volar más lejos recibe 30.000£ de premio. .
Todos los años, en junio, en un pub de Marshwood, se celebra un concurso que consiste en comer el mayor número posible de ortigas en una hora. El origen de esta competición se remonta a una disputa entre dos granjeros que no se ponían de acuerdo sobre quién cultivaba las ortigas más largas. Un tercero se unió a la discusión, con la ortiga más larga en la mano. Dijo que si alguien encontraba una ortiga más larga, se la comería. Cuando sucedió lo inevitable, el granjero mantuvo su palabra y se comió la ortiga. Por sorprendente que parezca, los ingleses llevan años cocinando ortigas y se consideran un plato exquisito pero aquí se las comen crudas, con todo su poder urticante intacto.
250 participantes se lanzan como locos a correr el pestilente fango negro del estuario de Blackwater en Essex. A los corredores les recomiendan que se vacunen contra el tétanos y sellen los deportivos con cinta aislante. Además, la carrera es enero y suele hacer mucho, mucho frío. No te recomendamos que participes pero es muy divertido asistir como espectador.
El juego de los palos de Winnie the Pooh consiste en lanzar palos desde un puente y correr al otro lado a ver qué palo sale antes a la superficie. Es un pasatiempo clásico en Gran Bretaña, inventado por el personaje de A. A. Milne, Winnie the Pooh.
El “deporte” de poner la cara más fea posible es deporte oficial en esta región de Inglaterra desde 1266, cuando el rey Enrique III le concedió dicho honor. Es una tradición que se mantiene con orgullo. Aunque puede participar todo el mundo, normalmente son ancianos desdentados con facciones elásticas los que suelen hacer las caras feas más espectaculares.
El segundo domingo de octubre se celebra en Northamptonshire el campeonato mundial de lanzamiento de castañas y los participantes se disputan el título con tanta pasión como si estuvieran en las Olimpiadas, armados con un castaña y un trozo de cuerda. El juego consiste en coger una castaña, atarla a un trozo de cuerda y lanzarla a la castaña de tu oponente, que hará lo mismo cuando llegue su turno. Pierde la castaña que se rompe primero.
En esta carrera, los participantes deben correr con sus esposas en brazos. Es el evento que pone punto y final a la carrera de noviembre de la sidra y la cerveza. Se cree que la carrera empezó como un juego, una carrera en la que los jóvenes solteros podían abrazar en público a la chica a la que querían desposar. Hoy, el premio no es la novia, sino el peso del corredor en cerveza.