Islas Orkney, la sorpresa del mar del Norte

Las islas Orkney (Orcadas, en español) forman un remoto archipiélago en el mar del Norte, frente a las costas septentrionales de Escocia. Su aislamiento -pese a que están a solo 16 kilómetros de tierra firme- y la dureza del clima no impidieron que estuvieran habitadas desde la prehistoria, lo que le ha dotado de una personalidad propia y de unos extraños monumentos megalíticos. Estos son cuatro lugares de visita imprescindible si estás pensando en ir a las Orkney. 

Anillo de Brodgar

Anillo de Brodgar
Foto de Paco Nadal

Stonehenge es el crómlech (monumento megalítico) más famoso de las islas Británicas. Pero este anillo de Brodgar es de casi tanto valor arqueológico, la diferencia con aquel es que está situado en las desnudos prados de las Orkney, en el extremo norte del país, y por eso no es tan conocido.

Brodgar tiene unos 4.000 años de antigüedad y muchos misterios en torno suyo. No se sabe qué civilización lo construyó ni con qué finalidad. Tuvo 60 piedras de hasta 4 metros de altura en una circunferencia perfecta de 103 metros de diámetro. Hoy quedan solo 36 de ellas en pie. ¿Un centro ceremonial? ¿una antena para comunicar con el más allá? Ver atardecer en la soledad que envuelve este anillo de piedra es una de las mejores experiencias en las islas Orkney.

 

Scapa Flow

Scapa Flow
Foto de Paco Nadal

Scapa es una gigantesca bahía al sur de las Orkney formada por la curiosa disposición de siete de las islas del archipiélago, que protegen como si fueran brazos de madre amorosa una extensión de aguas poco profundas y tranquilas. Un fondeadero perfecto que fue utilizado por la Royal Navy, la marina británica, como base naval durante las dos guerras mundiales.

Scapa Flow es uno de los mayores cementerios de barcos hundidos del mundo. Algunos de ellos fueron mandados a pique a posta por los británicos en los estrechos que separan las islas para evitar que por allí se colaran barcos o submarinos enemigos.

Pero los pecios más famosos de Scapa Flow son los de los navíos de guerra de la flota alemana hundidos por sus propias tripulaciones al final de la I Guerra Mundial. En 1919, el grueso de la flota del Mar del Norte del Kaiser (74 barcos entre acorazados, cruceros y destructores) permanecía retenido en Scapa Flow, a la espera de que se firmara el armisticio, el Tratado de Versalles. Pero el 21 de junio, aprovechando una relajación de la vigilancia de sus captores, el comandante alemán ordenó a sus hombres hacer estallar cargas explosivas y hundir la flota entera para evitar que las naves pasaran a manos británicas tras la firma de la paz.

52 de los 74 enormes barcos se fueron al fondo en un suspiro. Cincuenta y dos fantasmas de acero cayeron uno tras otro, como una lluvia de pesadilla, en el fondo oscuro, frío y arenoso de la bahía de Scapa, a unos 35 metros de profundidad.

Los más pequeños fueron recuperados como chatarra. Pero los grandes acorazados alemanes siguen allí abajo, 90 años después, para deleite de los buceadores.


 

Skara Brae

Skara Brae
Foto de Paco Nadal

Una fuerte tormenta destapó en 1850 unas estructuras pétreas en una finca privada en la costa de la bahía de Skaill. En 1928, el famoso arqueólogo australiano Vere Gordon Childe, uno de los grandes estudiosos de la prehistoria británica, las excavó y llegó a la conclusión de que se trataba de un poblado neolítico fechado entre el 3.100 y el 2.500 a.C. Consta de 10 viviendas semisubterráneas, gracias a las cuales sus habitantes soportaban al duro clima del mar del Norte.

La visita al yacimiento es muy recomendable. Como también lo es a la Skaill Farm, la casa nobiliaria de la familia propietaria de los terrenos, que está muy cerca del poblado neolítico. Malcom MacRae, el actual propietario, enseña a los visitantes los recuerdos acumulados por la familia, que son -sin pretenderlo-, un pequeño recuento de la historia de Gran Bretaña: una vajilla de porcelana china que perteneció al capitán Cook; la puerta de un armario de una nave de la Armada Invencible española que naufragó frente a Fair Island; una bandera capturada al Ejército Revolucionario ruso por un antepasado que luchó en la Gran Guerra en 1919 al ejército revolucionario ruso o el comedor donde se sentó la Reina Madre cuando estuvo de visita en esta casa.

 

Acantilados

acantilados orkney
Foto de Paco Nadal

No te puedes ir de las Orkney sin visitar algunos de sus famosos y espectaculares acantilados. Los más fotogénicos están en la costa oeste. Por ejemplo, los de Yesnaby, producto de la erosión de sedimentos de arenisca formados hace 330 millones de años. Su color rojizo y lo llamativo de los pináculos, cuevas y entrantes tallados en la roca por la erosión permiten pasar horas deliciosas contemplándolos o paseando por la senda trazada por el borde.

Otros acantilados destacables son los de Marwick, en los que en verano anidan miles de araos, gaviotas y frailecillos. La torre que corona Marwick Head es un memorial en recuerdo de las víctimas del HMS Hampshire, un barco de guerra británico que explotó frente a estas costas en 1919, probablemente al chocar con una mina; murieron centenares de personas, entre ellos Lord Kitchener, Secretario de Estado de Guerra, que se dirigía a Scapa Flow para parlamentar con los oficiales alemanes.