Las islas Scilly no están en el Caribe pero lo parece

A 45km  al oeste de Land’s End, -el Finisterre de los ingleses-, surge un inusitado archipiélago de granito compuesto por unas ciento cincuenta islas, rodeadas de playas de arena blanca y del agua más limpia y transparente que pueda imaginarse… de las que sólo cinco están habitadas.


Foto de Javier Mazorra

Se suele llegar en barco desde el puerto de Penzance en el Scillonian III que con su casco casi plano puede navegar sin problema por las poco profundas aguas que rodean el archipiélago  pero lo más recomendable es hacerlo en avión https://www.islesofscilly-travel.co.uk  desde el mismo aeródromo de Land’s End, desde Newquay  o incluso desde Exeter. Cualquiera de los trayectos ofrece una visión única de la escarpada costa de Cornualles pero sobre todo nos descubre las Islas Scilly en todo su esplendor. Podrían encontrarse en el océano Índico, en los mares del Sur o en el Caribe, no sólo por ese mar turquesa salpicado de islotes sino por esa lujuriosa vegetación más propia de otras latitudes que va vislumbrándose a medida que el pequeño bimotor desciende hacia el aeropuerto de la isla de St. Marys.

Con casi siete kilómetros cuadrados de superficie St. Marys es con diferencia, la isla de mayor tamaño y donde se encuentra Hugh Town,  que con sus escasos mil habitantes es la única población de cierta importancia, habiéndose convertido en la capital administrativa de este archipiélago que aunque cuenta con su propia idiosincrasia y ciertas leyes propias forma parte de Cornualles

 


Foto de Javier Mazorra

Hugh es un puerto delicioso rebosante de todo tipo de plantas y flores donde parece que el tiempo se hubiera detenido. Hay dos oficinas bancarias, algunos pubs, unas cuantas tiendas de comestibles y suministros pero todo ello con un aire inconfundiblemente ‘vintage’  de mediados del S.XX. Casi todos los visitantes se alojan en alguno de sus tres hotelitos con encanto o en sus numerosas casas de huéspedes. El Tregarthen ocupa la antigua residencia del Capitan que le ha dado su nombre y que introdujo el primer servicio de pasajeros entre las islas y Cornualles en 1849. A poco distancia pero dominando el paisaje, llama la atención el Star Castle que se esconde en el interior de la única verdadera  fortaleza de estas islas.


Foto de Javier Mazorra

St. Marys  lo tiene todo. Magníficas playas, paisajes sobrecogedores,  un montón de yacimientos arqueológicos  incluido Bant’s Cairn -un monumento funerario de la edad del Bronce-, unos cuantos restaurantes y  todo ello fácilmente accesible a través las pocas carreteras que existen en este rincón perdido de Inglaterra.
Pero quien busque algo más solitario y salvaje, cuenta con otras cuatro islas donde elegir. Todas cuentan con algún hotel aunque  en St. Agnes sólo hay casas de huéspedes o B&B

 

St. Martin’s es conocida por contar con su propio viñedo, por la calzada de arena que aparece en marea baja y permite alcanzar White Island, por sus yacimientos arqueológicos  pero sobre todo por Daymark, una torre de granito de siete metros erigida en 1683 y pintada con franjas blancas y rojas que todavía ayuda a la navegación. 

Bryher, la isla más atlántica del archipiélago, ofrece paisajes de una belleza hiriente, casi desoladora. Tiene el triste privilegio de haber sido testigo del mayor número de naufragios que han ocurrido en este entorno. Casi todo ellos en Hell Bay, la Bahía del Infierno un lugar sobrecogedor habitado por múltiples aves migratorias donde es posible alojarse en el hotel  más cercano al continente americano de Gran Bretaña.

Por su lado St.Agnes y la cercana Gough que en marea baja forman una sola isla, ofrece un entorno más bucólico, casi subtropical. Su monumento más notable es un faro histórico construido en 1680 que desde entonces ha sido modernizado y adaptado a los tiempos. También cuenta con varios menhires y otros restos arqueológicos pero ahora es sobre todo famosa por contar con High Tide uno de los mejores restaurantes de estas islas.

Foto de Javier Mazorra
Foto de Javier Mazorra

Cada viajero  puede disfrutar de las Scilly Islands a su manera. Desde Hugh Town hay transporte marítimo a las islas principales y se ofrecen múltiples posibilidades de excursiones y experiencias para realizarlas por cuenta propia. Aunque quien desee algo realmente especial lo más recomendable es ponerse en contacto con los administradores de la isla de Tresco donde se esconde uno de los jardines más hermosos y emblemáticos del mundo pero donde se ha creado lo más parecido a un resort de superlujo caribeño.  Hay casas de alquiler exclusivas  con los pies en la arena  y todo tipo de servicios pero también se ofrecen apartamentos más asequibles que también tienen acceso  a este pequeño paraíso que parece trasladarnos a un mundo muy muy lejos del mundanal ruido pero donde no falta un estupendo spa, ni tampoco un excelente restaurante o un par de bares y medios para disfrutar de muchas de  las islas circundantes  administradas por Isles o Scilly Wildlife Trust donde ponerse en la piel de Robinson Crusoe, durante unas horas o unos días.

Escrito por Javier Mazorra

Nacido en Tanger (Marruecos) en 1954. Vive y trabaja a caballo entre Madrid y Edimburgo desde 1977. Historiador del Arte y Periodista especializado en el mundo del viaje, colabora de forma habitual en EL MUNDO y GENTE VIAJERA (ONDA CERO).