Ruta por los castillos de Gales

Entre los densos y mágicos bosques que cubren Gales se encuentran unos imponentes soldados de piedra que vigilan sus dominios desde hace siglos. No les afectan ni el viento ni la lluvia y se erigen orgullosos, desafiando a cualquier enemigo.  Algunos son simples torreones que parecen en ruinas pero otros fueron la piedra angular alrededor de la cual se fundaron ciudades y pueblos que aún existen, y se muestran como auténticos monumentos perfectamente conservados. Son los castillos de Gales.

El rey inglés Eduardo I aseguró la conquista de Gales, a finales del siglo XIII, levantando una serie de grandes fortalezas en lugares estratégicos. Se le llamó el Iron Ring (Anillo de Hierro) y estos son algunos de sus eslabones más famosos:

 

Castillo de Caernarfon

Caernarfon 

Vigilando la entrada al Estrecho de Menai, Eduardo I mandó construir el más imponente de todos los castillos del Iron Ring. Corría el año 1283 y había acabado con el último príncipe galés, Llywelyn, instaurando el título de Príncipe de Gales en el seno de la corona inglesa.  Su hijo mayor fue el primero de la dinastía y en la segunda mitad del siglo XX aún continuaba esta tradición, otorgando el título la reina Isabel II a su hijo, el príncipe Carlos.

Eduardo I quiso celebrar la derrota final de los galeses con un enorme castillo de densos muros, con torres y otras características que había observado durante las cruzadas en Constantinopla. Sin embargo, también estaba destinado a servir como residencia a la familia del recién estrenado Príncipe de Gales, por lo que su interior fue acondicionado para la vida civil y militar.

Las tropas inglesas arrasaron la población galesa existente anterior a su llegada y construyeron un nuevo pueblo alrededor del castillo. Recibiendo los suministros procedentes de Anglesey mediante embarcaciones que cruzaban el Estrecho de Menai, evitaban las emboscadas terrestres de los rebeldes galeses y convirtieron a Caernarfon en un importante centro económico de la zona. Hoy en día es un pueblo tranquilo que vive del turismo.

Recorre las murallas de piedra y pasea por los verdes patios interiores antes de ver las distintas exhibiciones y muestras en su interior. Desde sus almenas te quedarás embelesado observando las pequeñas embarcaciones de su puerto pesquero. Una tranquilidad que nada tiene que ver con las sangrientas batallas que aquí se libraron.

 

Castillo de Conwy

Conwy David Escribano
Foto de David Escribano

La pequeña ciudad de Conwy es una fortaleza histórica en sí. Aún puedes caminar por la muralla, bien conservada y con una docena de torres, con la que se protegió la ciudad a finales del siglo XIII antes de adentrarte en una de las fortalezas medievales más inexpugnables de toda Europa, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Ocho macizas torres levantó el arquitecto militar de Eduardo I, James of St George, enquistadas en las murallas del castillo de Conwy. Todo el conjunto, de planta rectangular, está perfectamente conservado y puedes tanto caminar por las murallas como asomarte a las almenas de sus torreones. Desde ellas podrás ver paisajes muy diferentes. Por un lado el bonito pueblo de Conwy con sus estrechas calles y el minúsculo puerto, y más allá, las verdes colinas donde el ganado pace tranquilo junto a los bosques galeses.

 

Castillo de Beaumaris

Beaumaris 

 

El castillo de Beaumaris fue el último y el más indestructible de los levantados por Eduardo I en Gales,  a pesar de que no pudo finalizarse su construcción por la falta de fondos que las continuas guerras provocaron en las arcas inglesas.

Cualquier atacante se habría sentido realmente intimidado al plantarse ante él.  La primera defensa la constituye un foso lleno de agua que sigue existiendo en nuestros días. Cuando cruzas el puente levadizo estás penetrando la muralla exterior. Nada menos que doce torres protegen unos gruesos muros prácticamente indestructibles antes del uso de los cañones.

Después accedes a una vasta explanada cubierta de hierba y rodeada por una segunda muralla, más alta que la del círculo exterior, jalonada por seis enormes torres. Entre el primer y segundo anillo defensivo los atacantes quedarían atrapados bajo un fuego cruzado que los aniquilaría si no conseguían romper rápidamente la segunda línea defensiva.

En este segundo anillo se encontraban las habitaciones de los señores del castillo y otras dependencias, como establos y cocinas, se quedaron proyectadas pero sin construir. No debes dejar de visitar la pequeña capilla situada en una de las torres.  Su alto techo abovedado y ventanas con arcos la convierten en una de las salas más bonitas del castillo de Beaumaris.

Desde la altura de las murallas se puede apreciar que las defensas del ala norte no pudieron ser finalizadas. Quizá por esa brecha penetrarían las fuerzas del bravo galés Owain Glyndwr, cuando consiguió tomar el castillo en 1403. Batallas y héroes de otra época.

Viaja en el tiempo realizando esta ruta de los castillos de Gales.

 

 

 

Escrito por David Escribano

David Escribano es un redactor de viajes freelance que trabajó durante años en fondos de inversión antes de descubrir su verdadera vocación. Ha realizado viajes de larga duración por los cinco continentes, contándolo en Viajablog desde el 2007. Colaborador habitual en Skyscanner y Rumbo y ocasional en Ocholeguas, se declara como un enamorado de África y los viajes improvisados