Shetland, el cruce de caminos del Atlántico norte

Los graznidos de miles de aves marinas y la vastedad del horizonte reciben al visitante en este remoto archipiélago perdido en el mar del Norte, de cuyo centenar de islas apenas 15 están habitadas. Las Shetland son pura roca barrida por el viento, con un censo de corderos más elevado que el de humanos (de estos últimos se contabilizan unos 22.000) y a casi igual distancia –unos 350 kilómetros- de Bergen (Noruega), Aberdeen (Gran Bretaña) y las islas Feroe. Una suerte de cruce de camino de las rutas marítimas del Mar del Norte que los vikingos noruegos usaron durante décadas para establecer factorías y ayudar al tránsito marítimo. Los drakkar vikingos tardaban dos días en hacer ese trayecto mientras que los ferries modernos lo salvan en 13 horas. Bienvenidos al extremo norte de Europa. Un paraíso para caminantes, geólogos y observadores de aves perdido en el frío Mar del Norte.

 

Mainland

Faro de Sumburgh
Foto de Paco Nadal

Es la mayor de la islas y donde está el aeropuerto. Vista desde arriba se presenta como una superficie almohadillada y lisa de prados verdes, sin un solo árbol. Acantilados, casitas bajas con tejado a dos aguas diseminadas por doquier, playas que se pierden en el infinito y colinas alomadas conforman el resto del decorado. Mainland (las Shetland, en general) es el reino de la piedra y la soledad.

Nada más bajar del avión lo primero que se ve es un acantilado y el faro de Sumburgh, que ilumina el extremo sur del archipiélago. Lo construyó Robert Stevenson, el abuelo del escritor escocés homónimo.

 

El semáforo más curioso del Reino Unido

El archipiélago es tan estrecho y montañoso que si hizo muy difícil encontrar un lugar apropiado para poner un aeropuerto. Al final se decidió instalarlo al sur de Mainland. Pero el terreno seguía siendo tan estrecho que si se ponía la pista habia que cortar la única carretera que recorre la isla. Al final se optó porque la carretera cruzase por en medio de la pista. Un semáforo se pone en rojo para alertar a los conductores cuando un avión en maniobra de despegue o aterrizaje se les va a cruzar en su camino.

 

Jarlshof

Pese a su aparente lejanía de todo, las Shetland tuvieron en el pasado una posición privilegiada en las rutas comerciales por el Atlántico Norte. Por eso se han datado hasta 6.000 yacimientos arqueológicos de diversas épocas, muchos de ellos pertenecientes a las lejanas Edad del Bronce y del Hierro. El más espectacular es Jarlshof, en Mainland, un poblado de hace 4.000 años (edad del Bronce) formado por "wheel houses" (casas circulares) construidas con piedra y barro. El yacimiento quedó a la luz en 1890, cuando las olas de una gran tormenta erosionaron esta porción de costa. Su grado de conservación es tan alto que hasta se ha encontrado turba a medio quemar en una de las chimeneas.

Las sucesivas invasiones de la isla siguieron construyendo en el mismo sitio por eso sobre el poblado neolítico aparecieron también superpuestas viviendas de la edad del Hierro, un poblado vikingo (estuvieron aquí desde el 900 al 1.200, aprox.) y encima de todo, las ruinas de una casa medieval. Un libro de historia a cielo abierto.

 

Lerwick, la capital

Lerwick Escocia
Foto de Paco Nadal

La mayor concentración urbana de las islas es Lerwick, cuyo Old Harbour es aún un agradable puerto con casas de piedra oscura y pequeños torreones cónicos de pizarra negra al abrigo de un estrecho entre dos islotes. El fuerte Charlotte, hoy bien restaurado, vigila aún con sus apagados cañones la entrada a la rada. La Comercial Street es lugar más animado del pueblo, y el mejor y casi único lugar de la isla para ir de compras o buscar un restaurante.

Otra localidad interesante es Scalloway; no tanto por la belleza de su arquitectura urbana como por visitar la casa-torre de Patrick Stewart, conde de Orkney y señor de Shetland, uno de los grandes villanos de la historia del Escocia, que gobernó de forma tiránica estas islas y acabó colgado de una horca en Edimburgo en 1615.

 

Fair Isle

El petróleo del Mar del Norte ha cambiado la forma de vida de los habitantes de Shetland. Antes se faenaba duro en verano, en los campos o en la pesca –sus marinos solían llegar hasta las lejanas Georgias del Sur- para sobrevivir luego durante el largo invierno. Ahora el maná negro ha traído otro tipo de trabajos, subvenciones y buenas infraestructuras, de manera que los niños que van a estudiar al colegio de Lerwick, la capital, pueden volver a dormir a sus casas, algo impensable hace unas décadas.  Esta calidad de vida se aprecia muy bien en Fair Isle, la isla más alejada de todo el archipiélago, a mitad de camino entre las Shetland y las Orkney. Pese a que está a tres horas en ferry desde el sur de Mainland (media hora en pequeños aviones de hélice), sus habitantes tienen el mismo nivel de vida y las mismas comodidades que cualquier otro europeo. Fair Isle es un sitio ideal para practicar el senderismo y la observación de aves.

 

Acantilados de Hermaness

acantilados de Hermaness

Con todo, el punto más famoso y atrayente para los amantes de la naturaleza son los acantilados de Hermaness, al norte de Unst, la isla habitada más septentrional de Shetland. Para llegar a ella hay que seguir en coche la A-968, el gran eje de asfalto que junto con la A-970 cruza por entero el archipiélago, y salvar en ferry los estrechos de Yell y de Bluemull. El coche se deja en el centro de visitantes del Hermaness National Nature Reserve, situado en un antiguo faro, y se continúa a pie por una senda que lleva hasta estas altas paredes de negra apariencia donde anidan miles de frailecillos y arraos. Hay también skúas, gaviotas, cormoranes y alcatraces. La mejor época para visitar los acantilados de Hermaness es en verano, cuando la mayoría de las especies están criando.

 

Mavis Grind

Cerca de la localidad de Brae, aún en la isla de Mainland, podemos visitar Mavis Grind, un estrecho istmo que separa la isla principal de la de Northmavine. A un lado queda el Mar del Norte y a otro, el Atlántico. Hasta 1950 los pescadores pasaban sus barcas a mano por estas aguas someras para ir de un lado a otro de la isla sin tener que rodear por el norte. Mavis Gring es un lugar solitario, batido por el viento, donde se siente la fuerza de los elementos y la inmensidad de estos parajes. Un buen sitio para dejar el coche y deambular un rato por la franja costera permitiendo que la grandiosidad de estos territorios extremos te llene el corazón.